Boletín de dinámica del consumidor: abril – junio de 2026
Resumen
Durante el segundo trimestre de 2026, la percepción económica de las personas participantes en la Encuesta de Dinámica del Consumidor estuvo dominada por la presión inflacionaria. Prácticamente la totalidad percibió aumentos de precios en los últimos doce meses y el 78.5 % señaló que estos fueron pronunciados. Los alimentos concentraron las menciones de manera casi unánime (96.6 %), seguidos de energía (62.4 %), salud (42.7 %) y transporte (37.3 %), todos rubros de consumo básico donde el hogar dispone de escaso margen de sustitución.
Esta presión se tradujo en conductas concretas de ajuste. Únicamente el 22.9 % consideró que sus ingresos son suficientes para cubrir sus gastos básicos, frente a un 48.0% que respondió que no lo son, y el 71.2 % declaró haber reducido gastos en productos o servicios básicos durante el último año. En correspondencia, la capacidad de consumo de bienes duraderos se estrechó: el 52.8 % estimó que sus posibilidades de adquirir muebles o electrodomésticos son menores que el año previo, frente a apenas 10.7 % con mayores posibilidades.
El mercado laboral resultó la dimensión peor evaluada del instrumento. Solo el 11.3 % lo calificó como bueno o muy bueno, mientras que el 41.2 % lo consideró malo o muy malo, y tres de cada cuatro participantes (74.9 %) afirmaron que no existen suficientes oportunidades de empleo en el país. La severidad y consistencia de esta valoración resulta especialmente relevante dado el perfil predominantemente joven de la muestra, en etapa de inserción o consolidación laboral.
Un patrón transversal atraviesa los resultados: las personas evaluaron su propia situación con menos severidad que la del país. Mientras la percepción sobre el hogar se distribuyó casi en tercios entre mejoría, estabilidad y deterioro, el 54.8 % consideró que la economía nacional empeoró respecto a hace doce meses y el 49.4 % esperó que continúe empeorando en el año siguiente. Las expectativas sobre el propio hogar, en contraste, se mostraron moderadamente más favorables, con un 45.8% que anticipó mejoría.
En conjunto, los resultados describen hogares sometidos a presión de precios, con recortes de consumo ya efectuados, capacidad de compra reducida y una valoración marcadamente negativa del entorno laboral. Como indicador adelantado del consumo privado, esta combinación anticipa un comportamiento del gasto orientado a la contención y al ahorro precautorio, con riesgo de debilitamiento de la demanda interna en los trimestres siguientes.